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Un safari bien hecho cansa. Se madruga mucho, se recorren distancias largas y la intensidad emocional es alta. Por eso la combinación con Zanzíbar funciona tan bien: la savana primero, el Índico después.
La Gran Migración se mueve. Un mismo campamento puede ser extraordinario en julio e irrelevante en noviembre. Elegir bien la fecha y la zona pesa más que cualquier lista de estrellas.
Después, cuatro noches frente al océano. Sin excursiones, sin horarios y sin nadie que le proponga nada.
Es, probablemente, la única parte del viaje en la que nuestro trabajo consiste en desaparecer.